Tapas de letras
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CORNUDO, BABOSO Y ARRASTRADO.
Cualquiera con estos mimbres estaría bajo tierra… como mucho, saldría bajo la lluvia, para que no le
viera ni San Marcos que es el abogado de los charcos. Por cierto, ya podían haber puesto a San Marcos un caracol en los pies, como abogado de la lluvia. Pero el pobre es muy sumiso, al gasterópodo (su estómago es su pie), no le afectan los epítetos. Y viene aceptando desde el Neolítico ser un alimento de recolección. Los británicos se reían de los franceses porque los comían… ¿y qué decimos de la panza de oveja que comen de los escoceses? Por cierto, hay que aprovechar, los mejores son los de los meses sin erre, lo contrario que los mariscos. La mayoría de España consume el caracol común o moruno “Helix aspersa”. Los valencianos valoran las vaquetas o serranas “Iberus gualterianus alonensis”, indispensables en la paella tradicional. En la costa mediterránea consumen un caracolillo llamado cabrilla “Otala punctata”. Y el gran caracol, el más valorado, el romano, de viña o de Borgoña “Helix pomatia”. Molusco que provoca sentimientos encontrados, pasión o repulsión. ¿Ya saben que no hay que limpiarlos con sal?, parece que provoca que salga la baba, la dieta es suficiente. ¿No se lo cree? Pues pregúntele a San Marcos… bueno, o encomiéndese a él cuando los coma. Algunos piensan que es un “cacho goma” y otros “matarían” por comerlo. Pues a por la salsita ¡y a untar pan!, que ahí nos encontramos todos. Alfredo Franco Jubete.
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